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Príncipe de los Mártires
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El Badí' original tuvo un rol histórico en los inicios de la Fe Bahá'í en el siglo 19. Fue un papel de tal coraje y valor, que es un honor para cualquiera llevar su nombre. Se trata de Áqá Buzurg-i-Níshápúrí (1852-1869) cuyo título Badí' (maravilloso, nuevo) le fue dado por Bahá'u'lláh. Esta es su historia:
Desde Adrianópolis, la remota Prisión y después desde 'Akká, la Prisión Más Grande, Bahá'u'lláh Se dirigió a los dirigentes del mundo en una serie de Cartas. Les declaraba Su Misión y les llamaba a servir la causa de la paz, la justicia y la rectitud.

Áqá Buzurg-i-Níshápúrí, Badí' Una de las primeras de estas Cartas transcendentales fue dirigida a Násiri'd-Dín Sháh. Fue revelada en Adrianópolis, pero su envío al dirigente de Irán tuvo que esperar durante algunos años. La historia del portador de esa Tabla, de cómo la llevó a Teherán y de lo que le aconteció tras entregar su fideicomiso es apasionante y conmovedora, al mismo tiempo que espantosa. Aquí está, junto con citas de esta Tabla, traducida al inglés por el Guardián de la Fe Bahá'í.

Había llegado el día en la vida de este joven de diecisiete años en que sentía que tenía que volverse a Bahá'u'lláh. Y empezó a caminar, a caminar todo el camino desde Mosul hasta las aguas del Mediterráneo, al pie de la ciudadela de 'Akká, donde sabía que se encontraba encarcelado su Señor.

Llegó a 'Akká a principios de 1869 y, como llevaba todavía la ropa de un sencillo aguador, no tuvo problemas para atravesar el cerco de vigilancia en las puertas de la ciudad. No obstante, una vez dentro, se encontraba perdido, por que no tenía idea alguna de cómo contactar con sus compañeros creyentes y no podía arriesgarse a delatarse preguntado a alguien. Dudando qué hacer, se dirigió a una mezquita a rezar. Hacia el atardecer entró un grupo de persas en la mezquita y, para alegría suya, Badí' reconoció a 'Abdu'l-Bahá entre ellos. Escribió algunas palabras en un trozo de papel y consiguió entregárselo a 'Abdu'l-Bahá. La misma noche se tomaron medidas para conseguir que entrara en la ciudadela en la presencia de Bahá'u'lláh.

Badí' tuvo el honor de tener dos entrevistas con Bahá'u'lláh. Durante el curso de éstas, Bahá'u'lláh hizo referencia a la Tabla que ya había revelado, dirigida a Násiri'd-Dín Sháh, la Carta que empieza así:

"¡Oh Rey de la Tierra! Escucha el llamamiento de este Vasallo: verdaderamente, Yo soy un siervo que ha creído en Dios y en Sus signos y Me he sacrificado en Su camino. De esto da testimonio la calamidad que Me rodea: una calamidad como no ha soportado ninguna de las criaturas de Dios. Mi Señor, el Todoconocedor, es testigo de lo que digo. No he convocado a la gente a otra cosa que a Vuestro Señor y el Señor de los mundos, y por Su amor he recibido aquello que nada semejante han visto ojos mortales".

Muchos eran los veteranos que habían anhelando el honor de que se les confiara esa Carta. Pero Bahá'u'lláh había esperado. Había esperado mucho tiempo hasta que el desamparado y fatigado joven que había venido a recibir el regalo del segundo nacimiento de Sus manos llegó a las puertas de 'Akká y entró en la ciudadela. En esas dos entrevista áqá Buzurg de Khurásán se presentó cara a cara con su Señor y se convirtió en Badí' -el Maravilloso. Bahá'u'lláh escribió que en él "fue insuflado el espíritu de la fuerza y el poder".

Sabemos que le fue encomendada la tarea que otros, muchos mayores, más sufridos y con más experiencia que él habían deseado realizar; que Badí' pidió el honor de entregar la Tabla al Sháh y le fue concedido. Como habría sido muy arriesgado salir de 'Akká con la Tabla, Badí' recibió instrucciones de ir a Haifa a esperar allí y que en su camino de vuelta hacia Persia debía viajar solo y sin contactar con otros creyentes.

Badí' de sólo 17 años de edad. Hájí Mírzá Haydar-'Alí ha recogido en su historia Bihjatu's-Sudúr un relato que oyó de Hájí Sháh-Muhammad-i-Amín: "... Así que salimos de la ciudad, hacia el Monte Carmelo, y le entregué la caja. La sostuvo con ambas manos y la besó, luego se postró. También había un sobre sellado para él que le entregué. Se alejó unos veinte pasos de mí y volviéndose hacia el lugar del encarcelamiento de Bahá'u'lláh, se sentó y la leyó. Luego se postró de nuevo con la cara radiante de alegría y éxtasis. ... Le dije: 'Ven conmigo a Haifa, pues he recibido instrucciones de entregarte una cantidad de dinero'. Contestó: 'No voy a entrar a la ciudad contigo, ve tú y tráeme el dinero'. Fui y volví pero ya no lo encontré por ninguna parte; se había marchado".

Hájí Sháh-Muhammad-i-Amín ha relatado además: "El fallecido Hájí 'Alí, hermano de Hájí Ahmad de Port Sa'íd, solía contar: 'Desde Trebizond hasta Tabríz estuve en su compañía (la de Badí') durante algunas etapas del viaje. Estaba lleno de alegría, risas, gratitud y paciencia. Yo sólo sabía que él había estado en la presencia de Bahá'u'lláh y volvía entonces a su casa en Khurásan. Una y otra vez observé que siempre que había andado algo más de cien pasos, se apartaba del camino y, volviendo la cara hacia 'Akká, se postraba y se le oía decir: "Oh Dios, lo que me has concedido mediante Tu bondad, no me lo retires mediante Tu justicia; más bien concédeme fuerza para salvaguardarlo"'".

Badí' continuó su viaje, una figura solitaria por desiertos y picos de montañas, durante cuatro meses, no buscando nunca compañía ni escogiendo nunca un amigo con el que compartir su gran secreto. Su padre no se enteró de su vuelta. En Teherán, tal y como se lo había pedido Bahá'u'lláh, Badí' no fue en busca de sus compañeros Bahá'ís, sino que pasó tres días de ayuno mientras se aseguraba de dónde estaba el campamento de verano del Sháh. Se dirigió directamente allí y se sentó en un montículo todo el día, para poder ser visto y llevado a la presencia del Sháh. Llegó la hora en que el Sháh salió en una expedición de caza; Badí' se aproximó con calma, dirigiéndose al monarca con respeto: "¡Oh Rey! He venido a vos desde Sheba con un mensaje trascendental". Násiri'd-Dín Sháh podría haberse quedado desconcertado, pero el tono confiado de ese joven ya había dado a su conciencia la impresión de que este mensaje había venido a él de parte de Bahá'u'lláh. En palabras de Shoghi Effendi, "por orden del Soberano, la Tabla le fue arrebatada y llevada a los mujtahides de Teherán, quienes recibieron orden de responder a esa Epístola -una orden que evadieron y en su lugar recomendaron que se diese muerte al mensajero. Posteriormente esa Tabla la envió el Sháh al Embajador de Persia en Constantinopla, con la esperanza de que al leerla los ministros del Sultán serviría para encender aún más su animosidad".

Badí' después de su arresto mientras era torturado. Sabíamos que Badí' fue torturado y que permaneció impávido y firme hasta el final. Sabíamos que la pluma de Bahá'u'lláh, durante tres años, alabó su valor y constancia. Sabíamos que le fue dado el título de Fakhru'sh-Shuhadá' -El Príncipe de los Mártires- y que Bahá'u'lláh caracterizó Sus referencias a su "sublime sacrificio" como "la Sal de Mis Tablas". Pero fueron los extraños caminos de la Providencia los que trajeron a la luz la historia completa de los últimos días de Badí', su prueba y su inmolación. Es una historia horrenda, pero conmovedora, una historia de la que todo Bahá'í sólo puede estar orgulloso. La desalmada crueldad que deja entrever revuelve el estómago, pero la integridad inexpugnable, la fe inquebrantable, el coraje invencible de ese maravilloso joven de diecisiete años ennoblecen el espíritu.

La tumba de Badí', marcada por una simple piedra en medio de un campo.

Texto y fotografías extraídas del libro: "Bahá'u'lláh: El Rey de la Gloria" por H.M. Balyuzi, 1980, Editorial Bahá'í de España, 1993.

Fotografía inferior: Photothèque Bahá'í


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